29/10/16

MI ESTANCIA CON MARCELINO CAMACHO



Corría el año 2000, y había puesta en marcha unas jornadas en la Universidad a propósito del 1º de Mayo. Para el último día, reservaba un acto sobre el sindicalismo en un aula gestionada por una asamblea de estudiantes. Los invitados para ese día eran un miembro del sindicato de estudiantes, otro de la CGT y Marcelino Camacho, supuestamente en representación de los críticos de CC.OO., aunque Marcelino era mucho más que eso.

Marcelino se mantenía en forma, iba a todos los actos que le convocaban, estaba para entonces muy ligado al sindicato de estudiantes, representaba la voz crítica del sindicalismo español y simpatizaba con la plataforma del PCE Vivo. Había desdeñado una presidencia en CC.OO. que sólo fuera testimonial, cuando había sido un secretario general ejecutivo y un presidente de CC.OO. influyente e implicado en el día a día del sindicato.

Por lo tanto, para entonces representaba una voz crítica, formada e informada en la izquierda española, influyente, cargada de historia y eficaz en sus opiniones. A pesar de que reconocía su valor histórico y la deuda de gratitud contraída con el conjunto de la izquierda, sus opiniones eran claras, reflexivas, concluyentes pero llenas de optimismo.

En el trayecto en coche desde su casa en Carabanchel hasta la facultad, me contó lo que iba a decir a manera de recordatorio, de forma que escuché por dos veces la charla. No tenía costumbre de ir a esos sitios con grabadora, y sigo sin tenerla, de manera que no quedó constancia grabada de lo que dijo. Pero se trataron todos los temas, los espinosos, los halagüeños y los que no lo eran. El público, juvenil, estaba compuesto por anarquistas, comunistas y, en general, gente comprometida e interesada en las causas sociales. Recuerdo que los más activos en el diálogo con Marcelino fueron los miembros de la CNT. Al finalizar el acto se acercó a saludarlos.

Marcelino yo diría que lo contó todo. Habló de su estancia como preso en Argelia tras la guerra civil, de cómo se formó CC.OO., de la organización que la antecedío, de las conversaciones y contactos que se establecieron con los diferentes grupos anti-franquistas para poner en marcha a Comisiones (con todos). De cómo se había producido el paso de la lucha guerrillera a la lucha de masas, de la huelga de Asturias de 1958. Habló de la Transición y de los Pactos de la Moncloa, y de sus divergencias con Santiago Carrillo al respecto.

Planteó la revolución científico-técnica como escenario de futuro, citaba una obra reciente de Ignacio Ramonet al respecto sobre I+D (la tesis sobre la crisis fiscal del Estado reformulada) y, que en definitiva, la clase obrera era la fuerza motriz de la historia moderna. Le gustaba recordar citas de los clásicos, como aquella de que “La historia se repite una vez como tragedia y la segunda vez como farsa”, en fin, que demostraba un gran optimismo y confianza en el futuro y, sobre todo, agudeza y puesta al día de sus ideas y principios, teniendo en cuenta, especialmente, el lugar y la institución que le servía de auditorio.

Fue una fenomenal charla y un magnífico, excelente, broche de oro de aquellas primeras jornadas obreras que se realizaron en la Facultad de Políticas de la Complutense. La gente se quedaba mirando cuando pasaba Marcelino, se acercaba a preguntar, le realizaba comentarios y le preguntaba sobre cuestiones de actualidad. A esto era a lo que se refería Manuel Sacristán cuando hablaba del
militante obrero. Yo sólo he conocido a tres personas así, cargadas de historia, de tradición y futuro, dos ya se nos han ido, Ignacio Gallego y Marcelino Camacho, una todavía está entre nosotros, Julio Anguita. Son, como decía Nelson Mandela, leyendas de carne y hueso.
(Por Benito G.ª Pedraza)


Publicado el 30 de octubre de 2010