11/2/10

Antonio García Trevijano y su idea de la ruptura (y II)

El origen del Estado franquista se encuentra en el derecho de conquista logrado tras el triunfo en la guerra civil. Una vez coronado el alzamiento nacional y sofocada la subversión roja, se procede a la refundación del país sobre la base de la monarquía tradicional, estando ausente el monarca y rota la sucesión hereditaria al frente del Estado, el General Franco asume la función de regente. El rey de España, Juan Carlos I, designado como sucesor de Franco, jura los Principios del Movimiento Nacional después de su muerte y, poco después, es proclamado rey.

La monarquía constituyente (donjuancarlista) deseaba una democracia "tolerada", en la línea del aperturismo del régimen tecnocrático y opusdeista (*). Dicho de paso, existía otra opción monárquica, que partía del núcleo duro del propio régimen y era apoyada por el aparato falangista (Girón y Fraga), esta opción monárquica represiva pretendía "torcer" la sucesión de forma tal que la nieta de Franco saliera beneficiada, no sé hasta que punto esta alternativa realista estuvo cerca de conseguir sus propósitos, pero la opción existió, y presionó y conspiró cuanto pudo para lograrlo. De manera que, la opción monárquica juancarlista, entre todas las que había presentes, era la "menos mala". Conectaba con el "realismo" liberal español y la tesis de las Constituciones como cartas otorgadas o pactadas entre el Rey liberal y el pueblo agradecido y sumiso.

Esta tesis, que conectaba con la moral de un sector de las elites del franquismo, jugó a favor del aperturismo gradual y la reforma por etapas hasta que, finalmente, la entrada de la democracia y del secularismo fue tal y de tal magnitud, que aquello malamente se pudo planificar, y las últimas fases de la transición se acercan a la improvisación legal y política, con una creciente expectación internacional y una ebullición socio-política de las calles y pueblos de España. La democracia "50/50" que ensayaba el régimen acaba siendo una democracia plena y una ampliación de derechos comparable a las más avanzadas democracias del mundo. En ese sentido, no es sólo que en España se experimentará políticamente, es que en España se salió ejemplarmente del reto de la comunión entre las dos Españas y la reconciliación nacional para reemprender un nuevo camino solidario y colectivo entre todo el pueblo. Qué duda cabe que existiendo taras, existiendo incógnitas, pero resolviendo esas incógnitas caminando hacia adelante: adhesión a la Unión Europea, internacionalización socio-económica de España y ampliación del proceso autonómico.

La transición a la democracia en España se hizo en medio de la guerra fría y cuando en Europa occidental se desarrolla tanto en las leyes como en la política económica y social el llamado Estado de bienestar que, en el caso español, fue sancionado en la Contitución como Estado social y democrático de derecho.


Las transiciones a la democracia que se vivieron en los países postcomunistas, años después, fueron cualitativamente distintas a la que tuvieron lugar en España, Portugal o Grecia. Allí se trataba de poner en marcha un nuevo sistema económico con sanción constitucional mientras que aquí el capitalismo ya estaba en marcha y, en muchos sentidos, fue el motor de la transición política. Este hecho, produjo que en los países postcomunistas por un lado se intentará el paso de golpe (como en Checoslovaquia) como única forma de superar el colapso económico, mientras que en otros, como Rusia, las élites dirigieran todo el proceso, ralentizando la transición y readaptándose a las nuevas situaciones.


(*) El espiritu y el proyecto religioso del Opus Dei entroncó inmediatamente, tras el periodo de aislamiento e formación de la Obra de la guerra y la postguerra, con el Vaticano II, no en balde Escrivá de Balaguer colaboró estrechamente con Joseph Ratzinger durante la preparación y realización del Concilio, además, la Obra se aprovechó de sus ideas y ayudó a expandirlas por todo el mundo. No fue el Opus un residuo del "nacional-catolicismo" (y el clericalismo "ultra") sino más bien una manifiestación de la espiritualidad emergente del Concilio Vaticano II, que combinaba introspección personal con manifestación pública de la fe.

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Citius, Altius, Fortius